"Cuando se hace la historia de un animal, es inútil e imposible tratar de elegir entre el oficio del naturalista y el del compilador: es necesario recoger en una única forma del saber todo lo que ha sido visto y oído, todo lo que ha sido relatado por la naturaleza o por los hombres, por el lenguaje del mundo, de las tradiciones o de los poetas". >Michel Foucault-Las palabras y las cosas

sábado, 11 de febrero de 2017

EL CARANCHO CULTURAL (Caracara plancus)



Vuele carancho 
Viejo nomás
Fiesta en los ranchos
Es carnaval
Vuele carancho
Es carnaval
Fiesta en los ranchos
Vuele nomás

El carancho, canción de Sergio Gobi


Ver nuestra entrada anterior: 

EL CARANCHO, CARACARÁ o TRARO (Caracara plancus) – CORSARIO DEL MUNDO ALADO



Brazilian Crested Eagle
Grabado por William Swainson


Mitos del carancho

Siendo un ave tan notable y llamativa es lógico que el carancho aparezca en numerosos relatos y mitos de las diferentes etnias.

Para los qom el carancho tuvo una participación importante en la creación del mundo. En esa época las mujeres eran seres celestiales, estrellas,  que bajaban cada tanto desde el cielo mediante cuerdas. Eran más poderosas que los hombres, que tenían aspecto de distintos animales. El líder de ellos era justamente Chiquii, el carancho, con su vistoso poncho de colores, quien decidió tenderles una trampa a las mujeres-estrellas y remontándose a lo alto les cortó las cuerdas cuando bajaban, de modo que cayeron al suelo. La caída fue tan grande que muchas quedaron enterradas. Entonces, los hombres trataron de aparearse con las que no se hundieron, pero no lo lograron pues ellas tenían dientes en la vagina.  Chiquii llamó al hombre mosca y le pidió que enviara el mal tiempo desde el otro lado del mar. Las mujeres quedaron ateridas de frío, y el carancho les robó el fuego que daba fulgor a sus cuerpos de estelares.  Para que recuperaran su calor las hizo sentar en el suelo alrededor del fuego y los hombres lanzaron al mismo una piedra mágica que al explotar les arrancó los dientes vaginales y así se pudieron aparear con ellas y dieron origen a la nación qom.  Chiiquí aconsejó a los hombres que cuidaran el fuego porque se había tornado escaso.

En otro mito el carancho anunció a los hombres la llegada de un gran fuego que quemaría el país. Ellos se protegieron enterrándose durante un tiempo. El carancho se animó a salir primero y vio que el cielo y la tierra estaban cubiertos de cenizas. Por eso les indicó a los hombres que no alzaran la vista o de lo contrario serían transformados en animales, y efectivamente esto ocurrió con algunos desobedientes. El carancho no sufrió daños, pero, como no podía tener hijos, pidió al creador que le enviara una mujer sana con la que tuvo mellizos.

Como puede verse el carancho es un ave respetada entre esta gente, es un héroe ligado a la creación de su etnia y un jefe apreciado por su valor y mesura. Es el exterminador de  gente mala, de los que practicaban la antropofagia, y de monstruos como el ave comedora de hombres y la mujer-tigre a la cual le corta las uñas con lo cual ésta pierde su fuerza y muere. El Ta’anki o carancho también enseñó a los hombres a producir fuego, a curar los enfermos y a cazar con arcos y flechas, trampas y redes pero se opuso a la caza indiscriminada cuando no se necesitaba alimento, y cuando eso ocurría  hacía a los animales del monte tan desconfiados que los cazadores no podían atraparlos. 

Brazilian Kite

Brehms thierleben, allgemeine kunde des thierreichs. 
Verlag des Bibliographischen instituts,1876-1879.






Pero el carancho también es anunciador de eventos, algunos de mal agüero. Si se ven varios qañaxayé posados en el suelo, eso anuncia lluvias e inundaciones. Pero si canta uno sólo y por única vez, inidca  que alguien va a morir, enfermo o acuchillado.  Para algunas tribus del alto Xingu  brasileño es considerado como ave de mal augurio, pero de gran poder y por eso sus plumas son muy buscadas como amuleto. También usan sus uñas y pico pulverizados como poderoso contraveneno.  Quizás esto provenga de su habilidad para capturar ofidios, como presenció Luis Lozzia en Sierra de la Ventana donde un carancho enfrentó una culebra: “La golpeó con el ala abierta, la inmovilizó con la pata y la apresó por la nuca con el pico”

Su relación con la muerte se basa en su capacidad para encontrar cadáveres y así, siguiéndolos en sus recorridos se pueden encontrar los restos de personas muertas o asesinadas en el monte. Incluso cuando los cazadores herían una presa y ésta iba a morir lejos, esperaban la llegada de los caranchos para ubicarla.

El papel del carancho en la mitología wichi es muy similar a la de los qom. Las mujeres se descolgaban desde el cielo para robarles la caza a los hombres. El carancho les cortaba con el pico las cuerdas y las mujeres caían a tierra.  En otro relato, con el nombre de Ahütsaj, es un héroe que advertido por su hijo venció primero a un monstruo acuático que no dejaba sacar agua a los pobladores. Luego derrotó a una enorme serpiente que mataba a quien se aventurara por el monte. Para ello le lanzó a la boca bolas de miel amasada con espinas que terminaron por clavársele en el cuerpo destruyéndola. Finalmente mató un tigre pero como éste era la mascota de otra tribu, fue perseguido por los indígenas pero no lograron encontrarlo.   Un tipo de danza de los wichis en que se imita los movimientos del carancho recibe el nombre de ahütsaj.



CARANCHOS FAMOSOS

Hacia 1888 los wichis tenían un cacique llamado Carancho que presentó batalla a los blancos. El 28 de junio de ese año el  teniente Campos Gutiérrez, acompañado de un oficial, y trece soldados de tropa del Regimiento 12 de Caballería, se encontró con una posición atrincherada de foso y palo a pique, guarnecida por 480 indios dirigidos por diez jefes a las órdenes del  cacique Carancho. Tras una lucha de media hora, el lugar fue tomado por el ejército, quedando 18 prisioneros y 70 muertos, dispersándose el resto de los indios por el monte. Ignoramos si Carancho murió, fue hecho prisionero o escapó al monte.

En la década de 1930 había entre los qom un famoso PioGonáq o hechicero, llamado Carancho, tocaba un tamborcito de piel de suri (ñandú) que el mismo confeccionaba. Podemos verlo en esta foto.

Carancho
Arnott  J -1934– Los toba-pilagá del Chaco y sus guerras. Revista Geográfica Americana 1(7): 491-501


            Vicente González fue un amigo y operador político de Juan Manuel de Rosas, nacido en Montevideo en 1791. De profesión sastre participó de varios episodios militares de la guerra de la Independencia y de las guerras civiles. Hacia 1824, ya de baja del ejército, es pulpero y juez de paz de San Miguel del Monte, donde conoce a Rosas quien lo designa segundo comandante del regimiento Colorados del Monte. Participó de las luchas contra  Juan Lavalle y participó de la campaña al desierto en 1833. De frente chata, nariz aguileña y ojos penetrantes, se ganó por ello el sobrenombre de “Carancho del Monte”, que aceptó con humor auto designándose “Marqués de la Calavera y majestad Caranchísima de la Guardia del Monte”.




El carancho era también un héroe cultural para los mbayás, los chiriguanos, los kaskihás y los guaicurúes, para quienes era su animal totémico. Los tupí-guaraníes lo consideraban un ave mágica emparentada con el demonio Juraparí y sus plumas pulverizadas podían transmitir esa magia. Los mbayás (que lo llamaban caminigo) se ataban las plumas a la altura de las sienes, aunque también usaban las alas para fines más prácticos como para abanicarse y avivar el fuego.  Una leyenda guaraní refiere la lucha entre las águilas, gavilanes y halcones por un lado, y los caranchos, jotes, chimangos y tordos, por el otro. Los primeros vencieron y como los caranchos estuvieron mucho tiempo prisioneros, engrillados de a dos, una vez libres,  se acostumbraron a andar así ayuntados por el campo.

A los chorotes de Salta les enseñó a usar redes y otras artes de pesca y  les entregó el fuego que había robado al pájaro carpintero. Agusié o Joisá, tal era su nombre, luchó contra varios monstruos a los que logró vencer. Uno de ellos, Kioif, el caburé, engañaba a la gente con su canto para matarla, pero Agusié logró quemarlo incendiando su casa.

Yendo al extremo sur del continente lo vemos aparecer en un cuento mapuche recopilado por fray Sigifredo de Fraunhäusl.  Allí el traro o carancho no es un héroe sino un hombre común, jugador de palín, que secuestra a su contrincante Pishmaihuile y lo lleva al fin del mundo. De allí lo rescatan los meñcholoncos (chingolos)  que distraen al traro bailando a su alrededor con sus caballos, hasta que liberan a Pishmaihuile quien decapita al traro y con sus ojos hace pelotas de palín y con sus alas, unos palos, para el mismo juego de pelota. Este cuento refiere un comportamiento habitual de los pájaros chicos hacia las aves rapaces a las que acosan y molestan revoloteando a su alrededor, comportamiento que se conoce en ornitología como “mobbing”.


EL ARBOL DEL CARANCHO

El traru mamell, árbol del traro, es un arbolito de Chile y Argentina llamado también saúco del diablo o treumun, que da frutos pequeños de color café, muy apetecidos por las aves. La infusión de las flores sirve para tratar sinusitis, resfriados y catarros. En uso externo alivia las almorranas, quemaduras y excoriaciones de la piel. La corteza es diurética y purgante, en cambio el fruto tostado y tomado como té es antidiarreico. Las flores del saúco son también un excelente antirreumático.

traru mamell



            
Los selknam, al igual que los mapuches, hacían con sus plumas  los tocados ceremoniales, porque les otorgaban un poder mágico. El brujo Kwaweiyshen, que antaño dominaba a los hombres, durante una lucha con Kiayeshk, el biguá, sufrió un fuerte tirón de pelo que le quedó formando una cresta, y un apretón que le dejó una mancha blanca en el cuello. Así se transformó en carancho y por su grito recibió el nombre de Karkaai. Cuando pasaba por arriba de los toldos gritando anunciaba el  mal tiempo y las nevadas: era uno de los “doctores del viento”.

Carancho acampando en el Camping Poincenot - El Chaltén - Santa Cruz
Foto Clara Mouchard


Como se alimenta de cadáveres, los yamanas evitaban comer su carne, al igual que los qom, que sin embargo la usaban como óptima carnada para pescar pirañas. Según Sánchez Labrador: “Ni indios, ni españoles, comen su carne; no así  los ingleses que cuando tenían el asiento en la ciudad de Buenos Aires los cazaban y comían como gallinas ... Los que la han comido aseguran que es de buen gusto y nutrimento”.
     
      

“Una paz sin embargo, tan desolada como la que reina en un mundo muerto, en un territorio arrasado por la calamidad, recorrido por silenciosos, lúgubres y hambrientos caranchos”.

Sobre héroes y tumbas – Ernesto Sábato

     
Para los criollos el carancho es una persona despreciable y mala. Especialmente porque come carroña, pelea con otras rapaces para robarles la comida y se alimenta de seres indefensos.  Ya en la ciudad, el carancho, es el personaje que provoca o se aprovecha de una desgracia para sacar ventaja. Siempre merodea bien alerta para ver dónde puede conseguir presa:

Hace un año que yo andoy
Al rededor de tu rancho,
Las vueltas como el carancho
Que algún pollo anda bichando

(Payada litoraleña)


Así, en el tango de Héctor Marcó y Fulvio Salamanca  es el traidor que se lleva a la mujer querida:

Carancho...
Llame a los santos del cielo,
Que hoy se va a vestir de duelo
La que mi alma enlutó.
Carancho...
Pa´ usté me sobran ponchazos,
Ya está la muerte en sus brazos
Porque es mandato de Dios.

Tan despreciable que no vale ensuciarse por él:

Dios no quiere que me pierda
Váyase con su traición,
Que en la sangre de un carancho
No he de manchar mi facón.

Una antigua copla catamarqueña revela la misma situación:

Carancho de otros lugares
Buscando carne has venio,
La carne ya tiene dueño,
Carancho ya te has jodio.

Hay un cuento tehuelche donde una rica muchacha es engañada por el carancho o kárro, un hombre pobre, que se hace pasar por un joven que ella pretendía, llamado Uenápo.  Kárro llega a juntarse con ella y cuando ésta más tarde se encuentra con Uenápo, él la desprecia por haberse juntado con el carancho.



“Lo mesmo que los caranchos que al redor de una osamenta, con las alas arrastrando y la mayor fantasía, marchan tiesos paso á paso, como si fueran alcaldes con el copete parado”.

Santos Vega ó Los Mellizos de la Flor - Hilario Ascasubi





Se lo asocia con la muerte, posiblemente por su actividad necrófágica. Si alguien ve un carancho arrastrándose con las alas abiertas es anuncio de que alguien morirá en la familia. En Chile si se ve un número impar de ellos seguro que va a haber alguna muerte. Por eso en muchos cuentos criollos de origen europeo se lo asimila al cuervo, cumpliendo el papel de éste. Pero también se lo consideraba un ave de coraje, como en esta adivinanza:

Un animalito bravo / piquito doblao / sombrerito bayo / ponchito listao.


Cabeza de carancho
Hatcher Jb - 1904-27 -  Zoology en Scott WB - Reports of the Princeton University Expeditions to Patagonia, 1896-1899  Princeton University. Stuttgart Schweizerbart'sche Verlagshandlung


Por lo grande y ganchudo de su pico se asocia con una persona fea:  

Tía Mercedes, flaca, angulosa, cuya nariz en pico de carancho asomaba brutamente entre los ojos hundidos
Don Segundo Sombra – Ricardo Güiraldes

“Sus ojos pequeñitos y malos hacen parecer más ganchuda y más brava aquella nariz, semejante al pico de los caranchos”.
Los caranchos de la Florida - Benito Lynch

En el horcón de mi rancho
hay un nido, creamé,
construido por un carancho
que se parece a usted
(copla cordobesa)

En el folklore brasileño es un ave que representa la tristeza, el atrevimiento y la maldad. La leyendas de del sertão de Ceará narran que lleva ramas encendidas en sus garras para incendiar los campos de cultivo. Durante la sequía sobrevive comiendo los cadáveres de la hacienda muerta de sed y eso se considera una burla para los nordestinos. Así lo canta el tema “Carcará” de João do Vale y José Cândido interpretado entre otros por la gran María Bethania. 
           

            ………………………………………
                        Carcará
                        Pega, mata e come
                        Carcará
                        Não vai morrer de fome.
                        Carcará
                        Mais coragem do que homem
……………………………………….
                         Carcará
                        Lá no sertão
                        É um bicho que avoa
                        Que nem avião
                        È um pássaro malvado
                        Tem o bico volteado
                        Que nem gavião.
                       
                        Carcará
                        Quando vê roça queimada
                        Sai voando, cantando
                        Carcará
                        Vai fazer sua caçada
                        Carcará
                        Come inté cobra queimada.
           
                        Mas, quando chega o tempo da invernada
                        No sertão não tem mais roça queimada
                        Carcará mesmo assim não passa fome
                        Os burregos que nasce na baixada.
………………………………
                        Carcará
                        É malvado e valentão
                        É a ave de lá do meu sertão
                        Os burrego novinho não sabe andar
                        Ele pega no bico até matar.
                        …………………………………………

Que podemos traducir así: “Carancho agarra, mata y come. Carancho no va a morir de hambre. Carancho, más valiente que el hombre. Carancho, allá en el sertão es un animal que revolotea, ni que fuera avión, es un ave del mal, tiene el pico curvo, ni que fuera halcón. Carancho, Cuando ves los campos quemados, sales volando, cantando. Carancho, va a cazar. Carancho, come hasta las serpientes quemadas. Pero cuando llega el tiempo de invernada, en el sertão no hay más campos quemados, sin embargo Carancho no pasa hambre, los borregos nacen en la llanura. Carancho es malvado y bravucón, es  el ave de allá, de mi sertão: el borrego nuevito no sabe caminar, él lo picotea hasta matarlo”.

Carancho visitando un enfermo en una clínica de Buenos Aires
Foto Gabriela Gerardo


El naturalista brasileño Eurico Santos relata el origen de su extraño canto. Una vez el tigre le pidió al carancho que se quedara de centinela en la puerta de la guarida del zorro mientras veía como sacarlo de allí. Como el tigre tardaba, le agarró sueño y empezó a bostezar. Entonces el zorro aprovechó uno de los bostezos para tirarle tierra en la garganta. Mientras el carancho tosía, medio ahogado, el zorro escapó. Por eso hoy todavía tose al abrir el pico: ¡car, car!. Con distintas variantes de animales se repite el mismo cuento en Tucumán, Jujuy y en la Patagonia  (tehuelches).  En otros relatos de Jujuy, Santa Fe y Entre Ríos, recopilados por Berta Vidal de Battini, el carancho compite con el zorro en resistir el frio del invierno a la intemperie. El zorro acostumbrado a refugiarse en cuevas no lo soporta y muere. El carancho se burla de él.



EL CARANCHO MAJESTUOSO

El carancho majestad
luce volando en la altura
y utiliza en la natura
su vista y sagacidad.
Es su vuelo libertad
de acción en espacio ancho
y mientras un zafarrancho
no haga el humano en la pampa
gozaremos con la estampa
majestuosa del carancho.

Luis Bárcena Giménez
http://luisbarcenagimenez.blogspot.com.ar/2012/02/carancho-argentino.html

 
Pintura de Italo G. - San Francisco - Jujuy
Según un mito brasileño, registrado por von Martius, el creador del mundo dio a cada animal un don, salvo al guaicurú (ver la entrada “El macaguá o guaco Herpetotheres cachinnans - un halcon que ríe”).  El guaicurú se le fue a quejar al caracará. Pero este le dijo que era el más afortunado pues,  justamente por no tener nada, podía apoderarse de todo. “Mata todo lo que se te cruce por el camino” – le aconsejó. El guaicurú,  haciéndole caso, empezó por matar al mismo caracará.


EL AVE DE LOS CIEN NOMBRES



       Carancho común, caracará, caracará moñudo.
       Caranche o caranchi (Catamarca).  Carcaña (Bolivia), karánchu, kkarallára, caranchi, huarahuán (quichua).
       Caracará, caracarés (guaraní), caminigo (mbyá), tscharara (passé),tȧtha (catoquina), kañari (qom) - iraro, carairá (Corrientes), carcará, caracaraí (Ilha do Marajó).
       Gavião-de-queimada, gavião-calçudo (Brasil).
       Awusie (chorote). Kaka’de, chiiqui’, qañaxayi, ta’anqui (qom), jutsaj (nivaclé), ahetsaj , ajunchaj, ahütsaj (wichi), yacade (mocoví).
       Trarú, traru, thraru, traro, taro, thravá , thararú (mapudungún, Chile). Se dice que el nombre del famoso cacique mapuche Lautaro deriva de lau = calvo y traro, o sea “traro calvo”.
       Car-oó, carro, karro, caro,huarro (tehuelche aonikenk).  Carcai, carrhcai, karrkai (selknam).  Catula, catala, katela, kateila, yoakilia (yámana). Jamjam (puelche);                                                




Alex Mouchard

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REFERENCIAS

-Arnott  J -1934– Los toba-pilagá del Chaco y sus guerras. Revista Geográfica Americana 1(7): 491-501.
-Biazzi M y Magrassi G (ed) -1996- Orígenes. Corregidor.
-Bormida M y  Siffredi A - 1969-1970- Mitología de los Tehuelches meridionales. Runa12:199-245-
-CEAL -1984- El Carancho. Fauna Argentina.
- Coluccio F -2001- Diccionario folklórico de la flora y la fauna de América. 349 p . Ediciones Del Sol.
-http://www.lagazeta.com.ar/carancho.htm
 -http://www.revisionistas.com.ar/?p=816    
-Furt JM - - Cancionero popular rioplatense. Lírica gauchesca.
-Lehmann-Nitsche, R – 1926- Las aves en folklore sudamericano. Hornero 3:382. Asosiación ornitológica del Plata.
-Lozzia LM – 1984 –Elogio de las aves condenadas. Buenos Aires: Ed. Albatros
-Mashnshnek CO -1972- Algunos personajes de la mitología Chorote.   En: Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología 6 (nueva serie): 109-122.
- Parodi L -2005 - Leyendas Indígenas de la Argentina. Andrómeda.
-Pastor Arenas G  - 2009- Las aves en la vida de los tobas del oeste de la provincia de Formosa (Argentina). 1a ed. Asunción : Tiempo de Historia
-Santos E – 1938- Da Ema ao Beija-Flor. F. Briguiet & Cia Rio de Janeiro
-Sugobono N -2003- Leyendas, mitos, cuentos y otros relatos tobas Buenos Aires: Longseller.
 -Tovar A – 1981 - Relatos y diálogos de los Matacos. Ediciones Cultura Hispánica del Instituto de Cooperación Iberoamericana. Madrid
-Vidal de Battini  BE -  Cuentos y leyendas populares de la
Argentina. Ediciones Culturales Argentinas.  http://www.cervantesvirtual.com/obras/autor/7644/Vidal%20de%20Battini,%20Berta%20Elena,%201900- xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
      


domingo, 5 de febrero de 2017

EL CARANCHO, CARACARÁ o TRARO (Caracara plancus) – CORSARIO DEL MUNDO ALADO

Carcará
Pega, mata e come
Carcará
Não vai morrer de fome.

                       Canción de João do Vale

          En nuestras grandes ciudades es cada vez más común ver al carancho,  una rapaz de buen porte y aspecto llamativo, atacando nidos de cotorras y de palomas, tratando de sacarle los pichones o bien acechando posibles presas posados en antenas o torres en lo alto de los edificios. Su historia comienza en las desoladas islas del archipiélago de Hornos, en los borrascosos mares del extremo sur del continente americano.


Le Grand Caracara
Spix JB von, Martius KFP von & Schmidt M -1838-1839 -  Avium species novae


         LA HISTORIA DEL CARANCHO

          A fines del año 1775 el capitán James Cook se encontraba realizando su segundo viaje de navegación alrededor de la Tierra. Exploraba los desolados parajes vecinos al cabo de Hornos. Llevaba a bordo al gran naturalista John Reinhold Forster (ver la entrada “El pingüino rey Aptenodytes patagonicus y los Forster”).  A fin de que los científicos pudieran capturar aves para sus colecciones, y los marineros, “gansos” (cauquenes)  para comer, Cook, los desembarcó en la isla Shag, en el canal de Christmas, al S.E. de Tierra del Fuego.  Relata el capitán: “Con frecuencia he visto águilas y buitres posados en los altozanos”, y continúa: “cabe preguntarse de qué viven estos animales: supongo que de los cadáveres de las focas y aves que mueren por causas diversas”.

Georg Forster, el hijo de John que viajaba como ayudante y dibujante, cuenta el hallazgo de un ave rapaz ocurrido el 23 de diciembre, documentado por el artista William Hodges:   “Mr. Hodges tomó un boceto de todo el canal desde lo alto, el cual tiene un aspecto muy paisajístico desde ese punto de vista. Fue grabado para el relato del viaje del capitán Cook; y la impresión se destaca por la figura de un halcón en primer plano, el que, por su tamaño sobrenatural, parece recordar al rukh [ave Roc], celebrada en los cuentos árabes, más que cualquier otra ave de menos fantásticas dimensiones. Nos encontramos  con una muy hermosa especie de gavilán en Tierra del Fuego, del tamaño aproximado del halcón peregrino, pardo, con una cresta negra, y el cuello y los hombros barreados de color gris y chocolate; la figura antes mencionada puede quizás querer representar a esta especie”.  Por su parte, Forster padre agrega: “Vive en las rocas vecinas al mar, y se lo ve en las ramas de los árboles secos”. 


Christmas Sound, Tierra del Fuego
20-28 December 1774
Grabado de W. Watts, de un dibujo tomado del natural por W.Hodges. 
Publicado en 1777 por Wm. Stahan en New Street Shoe Lane & Thos. Cadell in the Strand ,London.
Captain Cook Birthplace Museum, Middlesbrough Council
http://www.captcook-ne.co.uk/ccne/exhibits/chrisound/index.htm

 Pocos días después, el 3 de enero del nuevo año, vuelven a encontrarlo en el archipiélago de Año Nuevo, al norte de la isla de los Estados. Allí, lo ven posado sobre las rocas, emitiendo una “voz de gallina”. Forster lo clasificó en el mismo género del cóndor, Vultur, quizás por verlo comer carroña. Cazan un ejemplar del ave en cuestión, que conservan en alcohol, y que más tarde sería inspeccionado en Londres por el ornitólogo John Latham que le dio el nombre específico plancus y lo ubicó, más correctamente, entre los halcones.  “El nombre planci de Plinium, libro X, cap 3, es propio del águila patera [el águila moteada Clanga clanga], ave ésta que produce una voz quejosa”. Por ello Latham  lo llamó “plaintive falcon” (= halcón lastimero), pero ahora lo conocemos como carancho o caracará. El ejemplar fue dibujado por John Frederick Miller, un conocido ilustrador de historia natural, y se lo ve algo desteñido, quizás por efecto del alcohol. Acá podemos ver la lámina, publicada en 1777.

Caracara plancus
Miller JF –1776-1782- [Icones Animalium et Plantarum]. 



Más de un siglo antes, en 1648, Georg Marcgrave había registrado la misma especie en el nordeste de Brasil con el nombre indígena de caracará,  acotando que eran  “aves muy peligrosas para los pollos”, y haciéndole el impreciso dibujo que adjuntamos.  También anotó el nombre que le daban los portugueses gavião, es decir gavilán.


Caracará
Marcgrave G  -1648- Historia Naturalis Brasiliae


Félix de Azara (1802) lo conoció en Paraguay por ese mismo nombre guaraní al que consideraba onomatopéyico (“nombre que conservo porque lo canta con frecuencia”) y agrega que en el Río de la Plata le dicen carancho. También anota detalles de su comportamiento como este curioso regalo nupcial: “Uno cogió un sapo, y subiéndose a un árbol, llamó a su consorte y se lo regaló”. Para él es un ave totalmente oportunista: “No ignora este páxaro todos los modos de subsistir: los practica. Todo lo sabe, atisba, comprehende y aprovecha”. Cuenta sobre sus actividades de caza cooperativas en las que logra matar ñandúes, venados pequeños y corderos, “empezando por quitarle los ojos; y si en las majadas de ovejas no hay perros, un caracará solo basta para comer el cordón umbilical, y destripar los recién nacidos.” Además le roba la comida a otras aves, actividad que hoy en día se llama cleptoparasitismo: “exceptuando las águilas, a todos los demás quita la presa, y puede decirse que cazan también para él”.


Y pasa como el carancho,
Porque el mal nunca se sacia,

(Hernández, J – El gaucho Martín Fierro)

      
Al otro lado del continente, en Chile, el abate Molina (1782) lo anotó con el nombre local araucano de tharu (en realidad traru o traro) y afirmaba que “se alimenta de toda clase de animales, y aún de cadáveres”. Y así canta: “El macho camina siempre con una gravedad afectada   …   va elevando gradualmente la cabeza, hasta que llega a tocar el lomo, y con el pico en alto termina su aburrida canción”.
       
El carancho para ser un socio estrecho del hombre como señalaba otro gran naturalista, Alcide D’Orbigny (1831): “el caracará sigue al hombre , ya sea en la civilización de las ciudades, ya sea en la simplicidad de su vida pastoral, en el seno de las planicies … no encontraría bastante alimento si no se asociara con el hombre, con el que comparte alternativamente las privaciones y la abundancia, sufriendo, como él, el hambre, sin quejarse, o consumiendo , en un solo día, las provisiones de una quincena”.  Y así los vio, reunidos de a miles alrededor de los saladeros de carne, junto a los jotes, esperando el descarte de las carcasas con restos de carne. “Siguen a los viajeros y a los indios, permaneciendo tan cerca como si fueran animales domésticos  … Este corsario del mundo alado acompaña a veces al cazador, sin que este último lo sospeche; y cuando el cazador a abatido un ave, si no es rápido para recobrarla, más alerta que él, el caracará le lleva la caza con una desvergüenza sin par”.  En Rosario (provincia de Santa Fe) vio en un sauzal unos “siniestros caranchos atraídos sin duda por la multitud de pescados muertos que las aguas habían arrojado allí”.

Con respecto a su nombre común, D’Orbigny acepta que se trata de una onomatopeya de su canto nupcial y así parecen confirmarlo los nombres que recibe entre otras etnias y que enumera prolijamente: kirakira (morotoca), acachacacha (saraveca), kejru (tehuelche), chamcham ( puelche), iriartaic (mocoví), anéaradé (qom). Entre otros pueblos, sin embargo,  el nombre no parece relacionado con su voz: nutuich (chiquito), alor (samuca), aravo (otuké), tipan (quitemoca), nacogné (cucikia), silla (paunaca), ketseco (paiconeca), catavo (muchojeon), catavora (bauré), uhuéké (itonama), neuchararu (canichana), y tui (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia). Tal profusión de nombres parece confirmar la cercanía entre esta rapaz todo terreno y el ser humano.  En cuanto al nombre rioplatense de carancho, sería de origen quichua y significaría “pelado, sin plumas”.

       En Uruguay abunda y como cuenta Hermann Burmeister (1856) así consigue su alimento: “Este pájaro se para en el suelo donde no hay arbustos, y camina en persecución de toda clase de animales chicos, sobre todo langostas y ratones campestres, sin atreverse a enfrentar a los animales de mayor talla. En cambio es muy ávido de carroña fresca”.

       Charles Darwin (1836) observó los conflictos del carancho con su pariente menor: “Cuando el Carrancha [así lo llama] está tranquilamente posado en la rama de un árbol, o en el suelo, el Chimango a menudo vuela una y otra vez por delante y detrás de él por largo tiempo, hacia arriba y abajo en semicírculo, tratando, cada vez que pasa por la parte más baja de la curva, de golpear a su pariente mayor. El Carrancha le da poca importancia, salvo que agacha la cabeza.”  Sobre su voz dice: “A veces el Carrancha es ruidoso, pero generalmente, no; su grito es fuerte, muy áspero y peculiar, y puede comparárselo con el sonido de la “g” gutural española, seguido de una áspera “rr”. Quizás los españoles de Buenos Aires, por esta causa, lo han llamado Carrancha”.

Confirmando a Marcgrave, Claudio Gay (1847), en Chile, señala cuan perjudicial es el traro para las gallinas: “cuando tienen hambre entran en los corrales, se reúnen disimuladamente con las gallinas, pican como ellas, y luego que tienen cerca un polluelo lo arrebatan traidoramente para ir a devorarlo” y confirma que es “un gran destructor de pájaros por los infinitos huevos que pilla de los nidos” y sin embargo “muy rara vez o casi nunca persiguen a los pájaros, sin duda por cobardía, pues apenas uno de ellos cae herido que inmediatamente se echan encima”.  Su canto parece variar según la región: “en el Brasil y el Paraguay pronuncian perfectamente caracará, de donde viene su nombre; en ChiIe varia algo y se distingue por las dos silabas tra y ro, repetidas muchas veces, gritando ya solo la primera, ya la segunda, para lo cual llevan la parte superior de su cabeza sobre la espalda y levántanla después al pronunciar su rrrooo”.  Para la gente de San Luis (Argentina), en cambio, su canto dice “¡Ay, Jue pucha!”

Traro
Gay C – 1847- Historia fisica y política de Chile 


Pero a diferencia de Gay y otros autores, tanto Hudson como Ernest Gibson observaron que el carancho puede atrapar aves vivas. El último autor menciona también un curioso episodio con un zorrino: “Cabalgando de vuelta a casa a la puesta del sol, me crucé con este último [un zorrino] en el campo, andando de un lado para otro en esa forma errática peculiar de ese odorífero cuadrúpedo, con el mencionado carancho que lo seguía saltando atrás. En un momento, cuando su perseguidor se acercó mucho, el zorrino se detuvo y levantó su cola de un modo amenazador, pero el Carancho, superando la sorpresa inicial de la situación, ¡se animó a dar un paso adelante y a agarrar el sagrado apéndice caudal con una garra!  Al instante el muy curioso Carancho se tambaleaba con el plumaje desaliñado, los ojos llorosos, y una expresión general de total horror y asombro en su cara vulturina, mientras el zorrino lo miró un rato con un aire cómico de “yo te avisé” antes de seguir su pacífico camino; y me quedé inclinado sobre el cuello del caballo en un éxtasis de placer mirando las muestras de desconcierto del Carancho”.

Poco después de Darwin, pasó por Sudamérica la United States Exploring Expedition. Su naturalista Charles Pickering escribió desde Río Negro: “Fue novedoso para mí ver el caracará posado a veces sobre los arbustos, pero más usualmente sobre la arena y aún en el lodo de la orilla del río”.

Polyborus tharus juveniles
Proceedings of the Zoo1ogical Society 1876


Una curiosa información proporciona Eduardo Holmberg (1878) desde el valle de Lerma (Salta): “El Carancho, que come las garrapatas del ganado, perseguido á su vez por los Piojos, es librado de ellos por la Tijereta”.  Aunque, lamentablemente, no da detalle de cómo sucede esto último.

Los hábitos carroñeros del carancho no le dieron buena fama entre los naturalistas victorianos, muy proclives a ver en los animales aspectos morales propios del hombre. Así se expresaba el capitán Richard Crawshay: “Como una notable personalidad entre las aves terrestres, el Carancho quizás se encuentra a la cabeza de todas,  es cierto que no como objeto de gracia o belleza, ni tampoco como algo amado por el hombre o por las otras criaturas animales en general, sino como un siniestro recuerdo del lado oscuro de la vida   …  Criaturas de aspecto malvado, no presagian nada bueno para el mundo animal.”  Y Walter Barrows en Concepción del Uruguay (Entre Ríos, Argentina) comentaba en 1879: “aparecen en cantidades inusuales donde quiera que la oferta de alimento aumenta repentinamente, como por ejemplo, durante esas periódicas subidas del río  a las cuales se les da el nombre de crecientes. Cuando la subida es muy súbita la destrucción de pequeños cuadrúpedos es muy grande, y es seguro que los Carranchos están cerca … A lo largo del borde del agua miles de cuises corretean desesperados, mientras que los cuerpos de otros miles flotan ante los expectantes Carranchos, que acechan en la costa por cientos … Mientras dure la creciente, los Carranchos, atragantados con carroña, y obviamente pesados y lentos, eran casi tan mansos como pollos de corral, y había buena oportunidad para cualquiera que estuviera dispuesto a estudiar sus desagradables costumbres”. Cosa que Barrows, con su espíritu victoriano, no hizo.

            De la misma forma aprovechan los incendios naturales o provocados: “El más ávido y audaz de todos, el carancho, llegaba hasta atrapar , en medio de las cenizas ardientes, los pequeños cuadrúpedos y reptiles chamuscados” (D’Orbigny, 1999).


           “Los caranchos parados en los gajos de los seibos, al sentirnos cruzar, despertando del sueño indolente nos miraban con los ojos redondos
y vidriosos ; y, como si olfatearan la próxima carneada, - con ese instinto aguzado de las aves carniceras, —lanzaban la nota áspera de su ronco graznido convocando la hambrienta bandada, alzaban el vuelo y seguían á la distancia nuestro derrotero para celebrar su festín sangriento con los despojos de la res

Recuerdos de la Tierra - Martiniano Leguizamón






Pero William Hudson discrepa: “No estoy de acuerdo totalmente con el muy innoble carácter que usualmente le atribuyen los viajeros … Cuando se lo ve posado en el cono de un hormiguero, parado erguido sobre los altos y plumosos pastos, tiene un aspecto fino, casi noble”.  “Son pájaros muy garbosos”, dice Sánchez Labrador. Tampoco coincide Hudson con la hipótesis de D’Orbigny de que el carancho es un parásito del hombre: “En lugares deshabitados siempre encontré a los Caranchos tan abundantes como en los distritos poblados.” Y con respecto a su nombre criollo apunta: “Carancho, posiblemente corrupción de keanche, el nombre puelche para su pariente Milvago chimango, por imitación de su malhumorado grito”. 

Otro fan del caracará fue el príncipe de Wied (1830), que lo vio en Paraíba (Brasil): “Uno ve muchas de estas hermosas aves de presa, ya caminando a zancadas por los pastos, o pasando en vuelo bajo, generalmente batiendo sus alas, de un matorral a otro, donde se distingue de lejos por su colorido diseño. Se mueven mucho, acosan a todos los animales vivientes más pequeños, y parece que como nuestro busardo viven de anfibios, ratones, pájaros, caracoles e insectos”.


           “Tales caranchos nunca atacaban a las gallinas. No ofendían ni molestaban, manteniéndose en la arboleda, lo más lejos posible de las casas. Se acercaban a ellas cuando se carneaba alguna res. Revoloteaban entonces en torno de la sangrienta comida, echando su penetrante mirada sobre los procedimientos y esperando la oportunidad. Llegaba ésta, cuando los bofes y demás porciones sobrantes eran arrojados por los peones a los perros. El carancho, entonces, se abalanzaba como un milano y, arrebatando la carne con el pico, la levantaba hasta una altura de veinte o treinta metros. Dejaba caer su botín, para agarrarlo de nuevo en el aire con gran destreza, entre sus garras, remontándose para comerla a su antojo. Nunca me cansaba de admirar esta hazaña del carancho que es, según creo, única en los pájaros de presa.

Allá lejos y hace tiempo – William Henry Hudson





 
Caracará
Goeldi EA – 1900-1906- Album de aves amazonicas – Zürich



Pero el carancho, como los jotes,  es un animal beneficioso por la eliminación de la carroña y aún por esta curiosa aunque molesta acción veterinaria que observó el capitán Francis Bond Head (1826) en las pampas bonaerenses: “Están constantemente tratando de atacar a los caballos y las mulas con mataduras en el lomo. Y he observado a menudo a estas aves que se ciernen apenas a 15 cm sobre ellos. Es curioso comparar el semblante de los dos animales. El carancho, con la cabeza inclinada hacia abajo, y los ojos fijos en la herida: la mula con el lomo agachado, las orejas hacia atrás, la cola temerosa de comer y aparentemente sin saber si debía retroceder o patear”.

Y al parecer tampoco desdeñan los vegetales según consideraba José Sánchez Labrador: “horribles salteadores de las sementeras de maní y de los plantíos de batatas” pues “nos arruinaban las cosas mencionadas, desenterrando los granos de maní y las raíces de batatas,  con sus corvos picos, y las comían vorazmente”.

Sobre la vivienda del carancho tenemos este hallazgo de Henry Durnford de 1876, realizado en lo que es hoy un coqueto barrio de la capital argentina: “Encontré yo mismo un nido cerca de Belgrano en medio de un gran bañado, era una estructura masiva, compuesta de ramas y tapizada con un poco de pelo grueso y lana de oveja, y lleno de trozos pútridos de cuero de caballo y huesos de pescados.” Su nido es proverbialmente un sitio muy desarreglado, y como es el nido, es el ave (“arreglado al nido es el carancho”).


           “Con una mano afanosa trataba de poner orden en el escándalo de su pelo: ¡ay, su cabeza, un nido de caranchos!

Adán Buenos Ayres – Leopoldo Marechal


La fábula de Godofredo Daireaux, “El nido del carancho” se vale de esta característica para hacer una parodia con cierto tinte político.

Pero el ave es fiel a su casa:

Mas, lo mesmo que el carancho,
siempre estaba sobre el rancho

(Hernández, J – El gaucho Martín Fierro)

Porque como dice el refrán: “Cada carancho a su rancho”

Aunque la mala calidad de la vivienda le trae problemas familiares:

Se enojó la carancha
con el carancho,
porque llegó el invierno
querida,
sin tener rancho

(copla bonaerense)



ALEX MOUCHARD

[ver nuestra próxima entrada EL CARANCHO CULTURAL]


EL ILUSTRADOR DEL CARANCHO

          John Frederick Miller (1759–1796) era un ilustrador inglés de temas de historia natural, especialmente de plantas. Era hijo del ilustrador alemán Johann Sebastian Müller y hermano de otro dibujante de historia natural, James Miller. Fue uno de los cinco artistas contratados por Sir Joseph Banks para hacer las 743 acuarelas de su obra Florilegium, a partir de los bocetos realizados por el dibujante Sydney Parkinson a bordo del Endeavour durante el primer viaje de James Cook. También produjo una cantidad de láminas a partir de los dibujos hechos por Georg Forster en el segundo viaje de Cook. En 1772 participó de la expedición a Islandia de Banks y el botánico sueco Daniel Solander, junto con otro artista llamado John Cleveley.

Psittacus aurantius =  Aratinga solstitialisMiller JF –1776-1782- [Icones Animalium et Plantarum]. 
          En 1796 publicó Cimelia Physica. Figures of rare and curious quadrupeds, birds, &c. together with several of the most elegant plants con textos de George Shaw. Miller hizo los grabados y los coloreó a partir de los ejemplares originales. Es una de las mejores publicaciones ilustradas sobre historia natural producidas en Inglaterra.


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REFERENCIAS


-Azara F de -(1802)- Apuntamientos para la Historia Natural de los Páxaros del Paraguay y del Río de la Plata. Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología. España. 1992.
-Barrows  WB -–1883--– Birds of the Lower Uruguay – Bulletin of the Nuttall Ornithological Club 8 - Cambridge

-Burmeister H -1854-1856- Systematische Uebersicht der Thiere Brasiliens. Berlin.
-Burmeister H -1861 – Reise durch die La Plata-Staaten.
-Cassin J – 1844-1874-  Mammalogy and Ornithology, en Wilkes C -  United States Exploring Expedition. During the year 1838, 1839, 1840, 1841, 1842. Vol 8. Philadelphia: C. Sherman.

-Cook  J & Forster G. -1877 - A voyage round the world. Dublin: Printed for W. Whitestone, S. Watson, R. Cross, J. Potts

-Crawshay R – 1907-  The Birds of Tierra del Fuego- London: Bernard Quaritch
-Darwin  CR ed. -1838- Birds. The zoology of the voyage of H.M.S.
Beagle, by John Gould. London: Smith Elder and Co
--d’Orbigny CD -(1835-1847)- Viaje por América Meridional – Emecé – Bs: Aires, 1999.
-Durnford H – 1876- Ornithological Notes from the Neighbourhood of Buenos Ayres. The Ibis 6- Third Series. London: John Van Voorst.
-Forster JR  & Lichtenstein H – 1844 - Descriptiones animalium quae in itinere ad Maris Australis terras per annos 1772, 1773 et 1774 suscepto. Berolini :Ex Officina Academica.
-Gay C – 1847- Historia fisica y política de Chile – Tomo primero - Zoología. Paris y Chile.
-Gibson  E -1879- Ornithological Notes from the Neighbourhood of Cape San Antonio, Buenos Ayres. The Ibis 3 - Fourth Series. London: John Van Voorst.
-Goeldi EA – 1900-1906- Album de aves amazonicas – Zürich :Impressão do Instituto Polygraphico .
-Grenfell Price A – 1985- Los viajes del Capitán Cook (1768-1779)- Ed. Serbal
-Head FB -1826- Rough Notes taken during me rapid Journeys across the Pampas and among the Andes. London: John Murray, Albemarle-Street.
-http://www.biodiversitylibrary.org/
- Marcgrave G  -1648- Historia Naturalis Brasiliae. Lugdun. Batavorum, apud Franciscus Hackium et Amstelodami apud Lud. Elzevirium.  
-Miller JF –1776-1782- [Icones Animalium et Plantarum]. London.
-Molina GI –1782- Saggio sulla storia naturale del Chili . Bologna: Stamperia de S. Tommaso d' Aquino

-Sánchez Labrador  J –(1767)- Peces y aves del Paraguay Natural Ilustrado.  Fabril Editora, Bs As, 1968
-Sclater PL & Hudson WH -1888- Argentine Ornithology. 2 vols. London: R. H. Pouter
-Spix JB von, Martius KFP von & Schmidt M -1838-1839 -  Avium species novae, quas in itinere annis 1817-1820 per Brasiliam. Monachii :Impensis editores.

- Wied M – 1830 – Beiträge zur Naturgeschichte von Brasilien. Weimar: im Verlage des Gr. H, S. priv Landes- Industrie -Comptoirs

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